Milan vs. Inter: un clásico inolvidable, y por qué la paliza de seis goles de 2001 sigue siendo la mayor humillación del derbi

El 11 de mayo de 2001, el AC Milan goleó 6-0 al Inter en el San Siro, en el resultado más abultado de la historia del Derby della Madonnina. Ante 78,000 espectadores, el partido, el 246.º oficial entre ambos equipos, terminó con una victoria rossonera que todavía se recuerda en la Curva Nord con incomodidad.

Ninguno de los dos equipos peleaba por el Scudetto ese año, pues la Roma marcaba el ritmo en la tabla. Sin embargo, en Milán el orgullo local suele pesar más que la clasificación. Lo que sucedió en la cancha fue una exhibición que dejó al Inter sin respuesta durante los noventa minutos.

El héroe inesperado

Antes del pitido inicial, pocos aficionados del Milan habrían apostado por Gianni Comandini como protagonista. Pero a los tres minutos, el Milan ya se imponía. Serginho desbordó por la izquierda y envió un centro raso y preciso. Comandini definió con olfato de delantero de área y batió a Sebastien Frey. El Inter apenas se estaba acomodando cuando recibió el golpe.

Quince minutos después, Comandini volvió a aparecer. Serginho, otra vez, puso el balón en el corazón del área nerazzurra con un centro elevado. Comandini saltó y cabeceó a la esquina para marcar el 2-0. Fueron sus únicos dos goles de la temporada en la Serie A, aunque hoy siguen siendo dos de los más significativos en la historia del club. El Inter, dirigido por Marco Tardelli, parecía atrapado en arenas movedizas, incapaz de seguir las rotaciones fluidas del equipo de Cesare Maldini.

Una lección de eficacia

El descanso dio un respiro al Inter, pero fue un alivio breve. En el segundo tiempo, el local se hundió. Ocho minutos después del reinicio, Federico Giunti sacó un tiro libre que parecía un centro para buscar a los defensores del Inter en el aire. El balón, sin embargo, pasó por encima de todos, incluido un inmóvil Frey, y se alojó en el ángulo lejano. Con el 3-0, el partido ya estaba decidido; con el 4-0, se convirtió en una tragedia.

Andriy Shevchenko, el hombre que con los años se convertiría en el máximo goleador de la historia del derbi, impuso su autoridad. Su primer tanto fue producto de su movimiento: un cabezazo certero tras otro centro preciso de Serginho. El ucraniano fue implacable, como un tiburón que huele sangre. En el minuto 77 anotó el segundo y el quinto del Milan, al rematar una contra con una facilidad casi desdeñosa. Los aficionados del Inter comenzaron a abandonar el estadio, incapaces de presenciar el desmoronamiento final de su defensa.

El golpe final y un récord para la historia

En el minuto 81, Serginho, elegido como el mejor del partido, se desmarcó entre una zaga nerazzurra destrozada, sorteó a Frey con un recorte y empujó el balón a la red vacía para el 6-0. Fue un gol que sonó a misericordia. Poco después, el árbitro dio por terminado el encuentro y el marcador confirmó la mayor diferencia en la historia del derbi milanés. Superó el 5-0 que el Inter había endosado en 1910.

Para Cesare Maldini, desde el banquillo, fue una reivindicación profunda. Para el Inter, una herida que tardaría años en cicatrizar. Aquella actuación sigue siendo un referente para el Milan, un desempeño de una eficacia tan devastadora que trascendió las posiciones discretas de ambos equipos en esa temporada. Fueron más que tres puntos: seis goles que silenciaron a la afición contraria y convirtieron el San Siro en una catedral rojinegra durante una noche inolvidable de mayo.

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